|
Aquí no termina, aquí apenas empieza.
El sueño acaba pero la hazaña queda; parece todo tan sencillo cuando el camino ha sido andado, que yace a la distancia en el recuerdo de aquel primer momento de arribar a Harvard; sin el consuelo de la patria y nuestros seres queridos, por lo que aún más extraordinario nos parece haber podido encontrar amigos tan cercanos estando tan lejos…
Han sido dos semanas de trabajo, sazonadas de diversas emociones, algunos sentimientos, ciertas aflicciones, sin faltar las preocupaciones; pero eso sí, con muchas satisfacciones. Parece que nada ha faltado. Desde el gusto de celebrar algunos cumpleaños, hasta la preocupación de quienes resultaron accidentados durante el trámite del curso; o las lecturas, los debates, los escritos y finalmente las presentaciones.
Morir en el intento no era elección posible; sólo recorrer con ánimo y decisión esta senda trazada por la ilusión, y recorrida con la firmeza de estos pasos dados con ahínco y pasión, para llegar al otro extremo. Sólo algunos instantes nos separan de ese feliz final ¿Lo lograremos? ¿Habrá valido la pena? ¿Será por fin recompensado aquel personal anhelo que nos trajo hasta estas tierras?
Ya no sólo comparto la intención, sino el resultado, el orgullo de saber que existen no sólo en la camaradería, o en la patria que vivimos, sino en esta historia compartida durante trece días, más allá de los conocimientos o la experiencia, ese sabor tan grato a “misión cumplida”, esa dicha de saber que nuestro México lindo y querido cuenta con mujeres y hombres tan capaces como lo han sido quienes generosamente me han compartido su tiempo.
Esta no es una despedida, sino el noble comienzo de la semilla plantada en Cambridge, en donde se queda un trozo del alma, esa parte de nosotros ya vivida que enriquece el corazón con la esperanza, con nuevas ilusiones, nuevos sueños por cumplir, la inquietud de nuevas hazañas por hacer y la gratitud de haberlos conocido.
La luna aún pinta en el horizonte a pesar del alba, el río Charles aún no se lleva en su caudal mi última palabra, el viento del final refresca mi espalda y mi memoria apenas tiene espacio para tratar de armar el rompecabezas de estos días que el verano naciente a sorteado y de los cuales quizás sólo el tiempo les encuentre el debido acomodo.
Por ahora sólo resta abrir la puerta para mantener viva la luz de la esperanza, para que en algún lugar, en otro momento y en otras circunstancias, la vida nos otorgue una nueva oportunidad de volver a coincidir; entre tanto, mantendremos este espacio virtual y seguimos en contacto.
La mejor de las suertes y todo el éxito que se merecen. Felicidades.
ASL
|
|